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Cómo escribir un poema

Cómo escribir un poema: el secreto está en las imágenes

¿Quieres saber cómo escribir un poema o ejercitar tu habilidad para hacerlo? Sigue leyendo. En este post te daremos 5 razones de por qué el secreto está en las imágenes.

Pero, primero, dos propuestas. Tú elige tu propia aventura:

¿Por qué las imágenes?

La idea de imagen poética nos lleva hacia una nueva forma de concebir lo que se experimenta como imagen. En la poesía, la imagen deja de representar un objeto conceptual para sobrepasarlo y ser un objeto nuevo que va más allá de la idea que ya teníamos de él. Esto quiere decir que las mismas palabras que usamos siempre abandonan los sentidos cotidianos. Son capaces de mostrar cosas nuevas, nunca antes sentidas.

Para descubrir cómo escribir un poema, debes deshacerte de la idea tradicional de representación. La poesía no es mimética, es decir, no es representativa de la realidad tal y como la conocemos. Y es aquí donde llega la imagen como protagonista. Crear imágenes tiene el propósito de crear novedad.

Pero vamos a ello. A continuación, las 5 razones de por qué el secreto está en las imágenes.

Razón 1: despertar sentidos y emociones

Las imágenes hechas de versos y en versos son la vía por excelencia para suscitar pasiones y emociones, y así lograr que los lectores atraviesen experiencias sensoriales a través del lenguaje.

Cuando decimos sensoriales, por supuesto que nos estamos refiriendo a los famosos 5 sentidos. Que el lector huela una palabra, la deguste, se ensordezca con su sonido, la sienta áspera o se le clave en el corazón como un cuchillazo. Sentidos y emociones van íntimamente de la mano.

Y la que queda separada aquí es la razón. No busques una experiencia lógica, representativa y racional, sino sensorial. Que la poesía sea imágenes que digan algo que no se podría decir de otra manera.

Razón 2: la potencia de la síntesis

En lugar de ser una narrativa extensamente descriptiva, escribir un poema demanda un agudo poder de síntesis.

Una imagen tiene la virtud de hablar directamente a los sentidos y no a la razón. En otras palabras, la imagen muestra, pero no explica. Poner una imagen delante de los sentidos de los lectores sintetiza un cúmulo de experiencias con la potencia de una bala. Es lo opuesto a la descripción realista, al detalle milimétrico.

La esencia del lenguaje poético es su potencia, la fuerza de las imágenes concentradas en la síntesis. Y este poder radica en la creación de lo que la poesía nombra. Escribir un poema supone entrar en una lógica no conceptual, sino que más bien es generadora de imágenes nuevas.

Razón 3: la técnica debe ser parte de la imagen

Está bien. Aceptamos que saber cómo escribir un poema parezca una cuestión de buen manejo de métricas y rimas. Pero créenos si te decimos que esto no define a la poesía como tal. De hecho, se puede escribir un poema en prosa, o en versos blancos, sin rima ni métrica.

Claro. El lenguaje poético se despliega muchas veces dentro de un marco regulado. Pero el respeto a rajatabla de este sistema de reglas técnicas y convenciones académicas no hará por sí mismo que el poema que escribas sea bueno, o que el estilo que consigas sea original. Y, por suerte, los concursos de poesía actuales han dejado atender prioritariamente a estas cuestiones.

En la poesía, la forma y el contenido son una sola cosa. El sentido de los límites técnicos no es racional ni calculatorio. El propósito de las normas debe ser albergar la imagen oportunamente, lo cual hace que pase a ser parte de la imagen misma. Entonces, la imagen no podría ser de otra manera, sino musical, tal y como el poema la muestra.

En conclusión, cuando nos preguntamos cómo escribir un poema, la respuesta empieza por afirmar que no existe una receta reglamentaria. Debemos olvidarnos de la tradicional distinción entre sujeto y objeto.

Razón 4: lenguaje para todo tipo de lectores

No por nada hemos arribado a esta era de la imagen. Todos somos lectores de imágenes en los tiempos que corren. Lo que sucede es que la imagen es capaz, como ninguna otra cosa, de provocar emociones en cualquier lector.

Las imágenes son estímulos que cualquier persona, de cualquier edad, género y procedencia puede recibir. Al percibir una imagen, un niño encontrará cosas adecuadas para él; y un adulto, también.

Ahora bien, nos engañamos si pensamos que la imagen solo es susceptible de verse. Frecuentemente, la asociamos con el sentido de la vista, pero lo cierto es que, al escribir un poema, la imagen puede experimentarse con todos los sentidos. ¿Cómo es posible, si no, que la palabra pueda emocionarnos a partir de una imagen que no vemos con los ojos?

Razón 5: invitación al lector a crear

Mostrar una imagen significa también invitar a tus lectores a crearla. El gran Mallarmé nos dio la clave de cómo escribir un poema: “sugerir, no nombrar”. Una imagen sin su descripción en detalle realista atrapa al lector, le pide que la dibuje, le sugiere ideas incluso desconocidas para el escritor, y lo atrapa, lo convence, lo emociona. El verso es la invitación a la creación también por parte del lector.

Piensa en ti como lector de poesía: ¿qué es lo que te hizo vibrar cuando leíste por primera vez tu poema favorito? Probablemente haya sido lo que viste con tus 5 sentidos, lo que pudiste dibujar disparado por el poema y nutrido por tus experiencias vividas.

Ya te develamos el secreto. Ahora, ¡a practicar! Te aconsejamos que leas muchos poemas y prestes atención a sus imágenes. ¿Cómo las logra el escritor? ¿Qué palabras son la clave para que esa imagen se manifieste? ¿Por qué usó esas y no otras? Puedes empezar por estos 15.

Y considera tomar clases de escritura con profesionales, en las que puedas pulir tus habilidades y obtener una crítica constructiva y personalizada de tus obras. Muchos cursos ofrecen una primera clase de prueba para que veas qué te parece.

¿Cómo ha sido tu experiencia escribiendo imágenes en tus poesías? ¿Qué han dicho tus lectores? ¡Cuéntanos todo en los comentarios!

Anexo: Ejemplo de poesía con imágenes. “Un pedazo de sol” de María Baranda

Primero, una palabra.

Sola.

Como si fuera la espina de una rosa.

Una palabra limón,

o una que sea ciruela

para sentirla cómo se mueve en mi lengua.

Una palabra en mi garganta

como un trago de mar en la espesura,

como un rugido abierto de la luna

cayendo hasta el fondo de la selva.

Una palabra de cristal,

para mirar su piel mojada por la lluvia.

Una palabra piedra,

Otra, río.

Una aire, o sal,

para cubrir la arena de los cielos.

Una palabra abierta

como las alas de un insecto,

alegre, ruidosa,

que gire y dé la vuelta

como si fuera un mundo infinito,

un pedazo de sol para mi boca.

Una palabra viva

que trague y demuela

las otras palabras secas

con las que alguien hace la guerra.

Una palabra raíz

para mí,

para ti,

para él,

para ella.

Una.

Para ponerla aquí.

Y empezar un poema.

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